Hilma af Klint apenas expuso su obra en los inicios del siglo XX, siempre pensó que nadie entendería su trabajo hasta después de muerta. Una exposición reconoce su legado
Pocas veces exhibió sus obras, estaba convencida de que el mundo no estaba listo para entender sus pinturas radicalmente abstractas. La artista sueca Hilma af Klint (1862–1944) dejó establecido que su trabajo no se expusiera hasta 20 años después de su muerte, aunque realmente fue a mediados de los ochenta cuando el mundo empezó a saber quién era esta pionera de la abstracción, mucho antes incluso que Vassily Kandinsky, Mondrian o Malévich. Ahora, con esta exposición en el museo Guggenheim de Bilbao, se analizan en profundidad sus logros artísticos entre 1906 y 1920, cuando arrancó su serie de pinturas no objetivas y, entonces, llegó a la modernidad antes que nadie.
Af Klint redujo su vida pública como artista a escasas exposiciones de pinturas figurativas, las abstractas jamás las presentó ante coleccionistas o galeristas, solo lo hizo con círculos afines a los que tampoco logró entusiasmar. Por eso, se dedicó a guardar y clasificar este trabajo con la intención de que se mostrara décadas después.
Pinturas para el templo fue la serie a la que dedicó diez años de su carrera, 193 obras, entre pinturas y dibujos, en las que se centra en su relación con la espiritualidad, con la teosofía o la antroposofía de Rudolf Steiner. Se acerca a otros sistemas de pensamiento y, a partir de aquí, empieza a explorar un mundo artístico nunca conocido, muy cercano en espíritu a los movimientos científicos de la época. Planteó, además, que las piezas fueran instaladas en un templo helicoidal que nunca se llegará a levantar.
Su arte era el más abstracto de todos, porque no siguió la forma de trabajo de sus coetáneos, ella se hacía guiar más por sus sentimientos y emociones. Y, sobre todo, su trayectoria vital la llevó a experimentar sesiones de espiritismo para pintar en trance, como si fuera una escritura automática más propia del surrealismo. Esa intensidad ante todo lo que creaba le llevó a apartarse de la pintura en 1925 para acercarse a los estudios de otras religiones.
Su obra abstracta se expuso por primera vez en 1986 en Los Ángeles, dentro de la muestra Lo espiritual en el arte, pintura abstracta 1890-1985. A partir de aquí arrancó su reconocimiento internacional, hasta que, en 2019, el Museo Guggenheim de Nueva York le hizo su primera gran muestra, Hilma Af Klint: Pinturas para el futuro, con más de 600.000 visitantes y que se llegó a ser la exposición más visitada en la historia del museo. Justicia divina, que hubiera dicho la propia artista.
BILBAO. MUSEO GUGGENHEIM
DEL 18 DE OCTUBRE AL 2 DE FEBRERO
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