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La directora del Festival de teatro clásico de Almagro, Irene Pardo, ha señalado que con este galardón el certamen quiere subrayar “la trascendencia de Cristina Hoyos en las artes escénicas y la danza en España y como figura internacional”

Cristina Hoyos e Irene Pardo.

Acompañada por su marido, el bailaor Juan Antonio Jiménez —inolvidable como “el novio” en el montaje de ‘Bodas de sangre’ de Antonio Gades y Carlos Saura—, Cristina Hoyos ha compartido su alegría, su arte y sus recuerdos. 

“Nací en Sevilla, en el Corral Trompero, en la calle Vírgenes. Al lado estaba la calle Almirante Hoyos, que bromeaba yo que sería mi abuelo”, rememora. “Éramos una familia pobre pero mi padre hizo unos trabajos y con ese dinero compró una radio. Yo la escuchaba y me ponía a bailar, sobre todo las cosas de Lola Flores y toda esta gente. ¡La vecina de abajo se quejaba porque se le caía todo!”.

Hoyos ha tenido también unas palabras para sus primeros maestros. “Con Adelita Domingo fue con quien yo empecé. Era sobre todo era maestra de cante y fue quien me preguntó: ‘A ti, ¿qué te gusta más? ¿Bailar o cantar?’ Le respondí: ‘A mi, bailar’. Y me ponía a bailar todo tipo de músicas. Y así empecé enseguida en el teatro San Fernando de Sevilla. Al poco tiempo yo ya dirigía todo. Estaba siempre allí metida, era la primera que llegaba y la que se iba la última. Eso lo tengo yo dentro”.

O también de Enrique el Cojo, “que tenía de todo, el pobre: era bajito, gordito, no oía nada, tenía un pie más alto que el otro. Pero era una maravilla. En algunos momentos se fue a trabajar con Manuela Vargas, una gran bailaora, pero a quien aplaudían era al Cojo”. 

Y, por supuesto, de Antonio Gades, con quien se fue a trabajar a Madrid: “Era un personaje estupendo. Como artista, increíble. Cómo bailaba, cómo se colocaba, cómo decía. Era un hombre de teatro total. Con él estuvimos juntos mi marido Juan y yo veintitantos años. Pero yo me acordaba de mi tierra, de Andalucía. Y entonces le dije a Juan que me gustaría ir a Sevilla, ver cómo está la gente bailando y cantando. Al llegar a Sevilla empezamos un espectáculo y lo llevamos a muchos sitios”.

“¡He bailado en tantos sitios! Desde Madrid a Moscú. Por ejemplo, en la Ópera Garnier de París donde no ha bailado ninguna flamenca. Pero su director me vio y nos programaron. Fue una semana maravillosa. Se me está poniendo la piel… porque cuando cerraron el telón —que lo cerraron un montón de veces— los técnicos que estaban detrás rompieron a aplaudir porque nunca habían visto flamenco allí. 

“Cuando subo a un escenario siempre me entra algo adentro y me olvido de lo demás. Mi cabeza está en mis brazos, en mi mirada, para que el público vea que esto es para vosotros. Lo hago con el corazón, las tripas… con todo. ¡Y con mis brazos, claro!”.

Cristina Hoyos. Foto Pablo Lorente.

José Carlos Plaza, también presente en el encuentro y que esta noche realizará la ‘laudatio’ en la entrega del Premio Corral de Comedias, ha recordado sus trabajos juntos: “Hemos hecho tres Lorcas y luego muchas coreografías: ‘Bodas de sangre’, ‘El gato montés’, ‘Ay Carmela’… Trabajar con ella es un sueño porque es alguien que te da mucho más de lo que tú puedes aportar. ¡Es tan sabia!”, ha celebrado. “Estoy muy orgulloso de Almagro y del festival, es un fenómeno fundamental de nuestra Cultura y creo que en este país deberíamos de estar presumiendo de este Festival”.

Una vida dedicada al arte

Cristina Hoyos Panadero (Sevilla, 1946) es una de las grandes maestras del flamenco del último siglo. Comenzó a bailar con apenas doce años en academias sevillanas, y en 1969 se incorporó a la compañía de Antonio Gades, con quien giró por todo el mundo durante dos décadas. Su presencia en los emblemáticos filmes de Carlos Saura (‘Bodas de sangre’, ‘Carmen’, ‘El amor brujo’) consolidó su figura como embajadora internacional del flamenco.

En 1988 creó su propia compañía y presentó ‘Sueños flamencos’ en el Théâtre du Châtelet de París. En 1990 fue la primera compañía flamenca en actuar en la Ópera de París, iniciando una larga trayectoria internacional que llevó su arte a escenarios de todo el mundo. Ha coreografiado obras propias y grandes títulos clásicos, con un estilo que combina la raíz y la renovación.

Desde 2006 dirige el Museo del Baile Flamenco de Sevilla, un proyecto que refleja su compromiso con la difusión, el estudio y la memoria del flamenco.

A lo largo de su carrera ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Danza, la Medalla de Oro de Andalucía, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la Orden de las Artes y las Letras de Francia, y el título de Embajadora Mundial de la Danza por la UNESCO.

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