Su infancia la vivió rodeado de gente que respetaba y admiraba a los artistas. De vocación temprana y con gran determinación ha conseguido algo tan difícil como es vivir de arte. Hoy la firma de Ángel Barroso es reconocida no solo en su tierra, también fuera de ella donde actualmente reside feliz, pero con cierta morriña. 

Ángel no tiene esa posición elevada y desafiante que adoptan los personajes de sus obras, y aunque mira fijamente no lo hace por encima, su trato es cercano, nada ególatra como puede parecer en esos que llegan a tener reconocimiento. “Me cae fatal la gente que va de artista. Siempre hay el típico modorro que se cree especial pero la mayoría somos gente muy normal, lo del ego es un mito del pasado”.

“Los artistas son gente respetable” 

Así lo aprendió en casa al ver la labor de familiares como su abuelo que solía apoyar a los artista de Ciudad Real. Quizá eso es lo que le dio el valor suficiente para imponer su deseo ante la mirada atenta de sus padres. “O estudio Bellas Artes o no hago nada”, explica Ángel rememorando la época en que empezaba a entender que valía para esto cuando su pandilla de amigos valoraba los numerosos dibujos que a diario les mostraba. 

Su formación clásica, escuela de Sevilla, en pintura, dibujo, grabado y escultura, le ha dado la posibilidad de experimentar con nuevas técnicas hasta encontrar la que más le llena. “La figuración predomina en mi obra, me interesa especialmente la figura humana, sus gestos, caras, miradas, es lo que me atrae y satisface crear, en otros estilos no me siento cómodo”, dice. 

No existe estudio riguroso antes de iniciar su obra, todo surge de forma improvisada. “Son figuras que tengo en mi cabeza, vivencias que quedan grabadas en mi mente y van saliendo”. 

Vivencias, sentimientos, han influido en su obra y también las decisiones, como la tomada en una etapa dura e inesperada que le hizo marchar de aquí, y no con intención de huir, fue pura necesidad. “Hubo un punto en mi vida en el que necesitaba salir, baraje con amigos varios destinos y uno de ellos que trabajaba como arquitecto en Munich, me aconsejó ir allí por el buen ambiente artístico que se vivía”, explica. 

“Yo no valgo para esto” 

El idioma y sus propias dudas no lo pusieron fácil durante algún tiempo en el que Ángel estuvo sin hacer lo que mejor sabe, pintar, crear. Por suerte o destino lo volvió a intentar y consiguió su primera exposición en un bar de Munich. “Fue el impulso que necesitaba para no parar, más tarde y gracias a mi anterior pareja también artista, mostré mi obra en la galería de arte alemana, Munique ART, con la que he trabajado los últimos 4 años”. 

Se siente valorado y respetado en tierras alemanas donde su obra cotiza en cuatro cifras, su firma es reconocida y así lo demuestra su presencia en la próxima Feria del Arte Contemporáneo de Munich, donde mostrará su obra como artista invitado. “Este año voy a cumplir otro de mis sueños que es exponer en la plaza Odeonsplatz, donde Hitler fue detenido tras su intento de Golpe de Estado en 1923, es un evento muy valorado y reconocido en Alemania y es un orgullo estar ahí”. Asegura Ángel. 

“No me divierte hacer cosas dulces, me atrae más la parte tenebrosa de lo que vemos en el día a día” 

Su taller está en su casa. En ella reina el orden necesario para comenzar una obra, al menos en un primer momento. “Limpio todo y lo ordeno de forma que me ordene yo también, cuando pasan los días termina pareciendo el escenario de una batalla campal”. De esa batalla surgen obras fascinantes y tenebrosas, con pose desafiante y mirada altiva que penetra en el espectador logrando captar su atención y en ocasiones perturbarlo. “Un matrimonio que reservó uno de mis cuadros muy convencidos, se echó atrás porque a él se le hacía muy duro soportar esas miradas a diario”. 

Fuerza, intensidad, reflexión … 

Es lo que sugieren las figuras de sus obras, obras a las que podemos acceder no sólo en galerías cuya labor, si son serias, es buena para el artista, pero lo cierto es que las Redes Sociales están cambiando las reglas. “Mis dos últimas ventas han sido a través de Facebook. Es alucinante que un tío de Singapur empiece a seguirte, o que una galería de New York vea tu obra. Con las Redes Sociales todo es más fácil, hay artistas que dejan de un lado las galerías a consecuencia de alguna decepción o engaño, y optan por moverse solos”. dice Ángel. 

 “Viejo no me quiero hacer en Munich”

Hoy vive feliz en Alemania, donde se siente querido y respetado, pero la familia y amigos tiran demasiado. “La Idea es seguir allí donde me siento a gusto, pero estoy solo, me faltan los amigos de toda la vida y mi familia, soy muy familiar”.