
Lo que comenzó con una invitación a jugar concluye con un Festival que ha vuelto a demostrar que el Siglo de Oro sigue siendo un territorio fértil para la creación contemporánea. Durante veinticinco días, Almagro ha reunido a artistas, investigadores, compañías y público en torno a una programación que ha superado los 78.000 espectadores (un 6% más que el año anterior), con una ocupación media de espectáculos (sin contar actividades) del 90%, sumando una recaudación de más de 550.000 euros. Cabe destacar, además, que 75 funciones de 106 han superado el 90% de ocupación.
La 49ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro ha concluido tras 25 días de programación en los que la ciudad ha vuelto a convertirse en el gran punto de encuentro del teatro clásico. Entre el 2 y el 26 de julio, el Festival ha reunido 50 espectáculos, 106 funciones,48 compañías de 10 comunidades autónomas, 700 profesionales y creadores procedentes de cinco países, alcanzando una asistencia de cerca de 43.000 espectadores y una ocupación media del 90%.
La programación ha incluido 17 estrenos absolutos, tres estrenos nacionales, tres producciones propias, 1 coproducción y 53 actividades de formación, mediación, patrimonio y acción cultural, consolidando un modelo de Festival que entiende el teatro clásico como un espacio de creación, convivencia e innovación con 146 sesiones a las que han asistido 35.700 personas.
Especial protagonismo ha tenido la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que ha celebrado en Almagro su 40º aniversario con cuatro espectáculos, la exposición ‘Lope para todos’, encuentros con el público y actividades de mediación que han convertido esta efeméride en uno de los grandes ejes de la edición. Además, Pepe Viyuela (Premio Corral de Comedias), Elisa Sanz (Homenaje del Festival) y José Carlos Plaza (Premio Lorenzo Luzuriaga) han sido los grandes nombres propios de esta edición.
“Cuando propusimos el lema ‘Jugar’ queríamos recuperar el espíritu de aquella baraja hallada bajo el Corral de Comedias”, ha explicado la directora del Festival, Irene Pardo, en una rueda de prensa celebrada esta mañana en el Parador de Almagro. “Ese hallazgo nos recuerda que el azar puede cambiar el rumbo de la historia, pero también que el futuro depende de las decisiones que tomamos. Este Festival ha querido reivindicar precisamente eso: la capacidad de elegir, de crear, de arriesgar y de imaginar nuevos caminos para el patrimonio”.
El patrimonio sólo permanece vivo cuando sigue creando
Cuatro años después de la llegada a la dirección de Irene Pardo, el balance de Almagro49 consolida un modelo de Festival que entiende el patrimonio como un espacio abierto a la creación contemporánea. Lejos de concebir el teatro clásico como un legado estático, esta edición ha vuelto a demostrar que los textos del Siglo de Oro siguen inspirando nuevas dramaturgias, nuevas formas escénicas y nuevas maneras de dialogar con el presente. Así, los ejes de la programación han vuelto a ser el impulso a la creación contemporánea, el diálogo constante entre la investigación y la práctica escénica, la estrecha vinculación con el territorio y una dimensión internacional basada en el intercambio cultural y la colaboración entre artistas, instituciones y países.
La pluralidad de miradas es también una de las señas de identidad de este Festival, con la participación de 27 directoras, 17 dramaturgas y cuatro autoras clásicas presentes en la programación, reafirmando el compromiso de Almagro con una lectura diversa y abierta del patrimonio.
Este modelo trasciende los 25 días de programación para convertirse en un proyecto cultural con actividad durante todo el año. La creación, la investigación, la formación, la mediación, la accesibilidad y las alianzas nacionales e internacionales prolongan el trabajo iniciado cada mes de julio y convierten al Festival en un espacio de referencia que acompaña procesos, impulsa nuevas producciones y genera conocimiento más allá de la celebración de cada edición.
“Queremos un Festival que no solo programe espectáculos, sino que genere oportunidades para crear, investigar, compartir y construir futuro”, destaca Pardo. “Un Festival que no se mida únicamente por los días que dura, sino por todo lo que es capaz de poner en marcha antes, durante y después de cada edición”.
Esta edición ha impulsado cinco producciones y coproducciones propias y cinco residencias artísticas, consolidando una línea de trabajo que entiende el Festival no solo como un espacio de exhibición, sino también como un lugar donde nacen nuevos proyectos escénicos.
En ese compromiso ocupa un lugar central Plataforma Corral, que ha celebrado su tercera edición consolidándose como un programa de acompañamiento a la creación contemporánea inspirada en el Siglo de Oro. Fruto de este proyecto han llegado este año a la programación ‘De ida y vuelta’, con dramaturgia de Laura Garmo y Nacho León y dirección de Cristina Marín-Miró, y ‘El noble arte del engaño’, dirigido por Laura Ferrer, dos espectáculos que ejemplifican la capacidad del Festival para acompañar procesos creativos que continúan su recorrido más allá de Almagro. Desde su creación, Plataforma Corral ha impulsado tres proyectos y en esta edición ha tenido una ocupación de 97% en sus ocho funciones en el Corral de Comedias.
Las Residencias Artísticas han seguido reforzando esa misma línea de trabajo, acogiendo procesos de creación que han permitido investigar nuevos lenguajes y acompañar el desarrollo de proyectos escénicos. Dos de ellos han visto la luz durante esta edición del Festival: ‘El trujamán entre Cervantes y Shakespeare’, de Pepe Zapata; y ‘Cautivas por Cervantes’, de Emilio Manzano.
La creación ha estado presente también en producciones impulsadas directamente por el Festival como ‘A quién contaré yo mis quejas’, junto a Rosa León y Pepe Viyuela; o en propuestas como ‘Préstame tus palabras’, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que demuestran la extraordinaria capacidad del repertorio clásico para seguir inspirando nuevas lecturas escénicas.
Como recuerda Irene Pardo, recogiendo una reflexión de José Carlos Plaza, “los textos dramáticos siguen estando a disposición de los creadores para que cada generación pueda hacer nuevas lecturas contemporáneas”. Esa convicción resume una de las principales líneas de trabajo del Festival: preservar el patrimonio significa también ofrecerlo a los artistas para que continúe creciendo y dialogando con el presente.
“Almagro no pasa al margen de la vida”
“Siempre digo que Almagro no pasa al margen de la vida; Almagro es la vida”, ha reflexionado Pardo. “Los grandes textos del Siglo de Oro hablan del poder, de la desigualdad, del deseo, de la violencia, de la libertad, del humor y de las contradicciones humanas. Por eso siguen dialogando con el presente y continúan ofreciendo respuestas —o nuevas preguntas— a los desafíos de nuestro tiempo”.
A lo largo de esta edición, el Festival ha vuelto a demostrar que el patrimonio clásico no es un refugio ajeno a la realidad, sino una herramienta para comprender mejor el mundo contemporáneo y para propiciar conversaciones necesarias desde el arte y la cultura.
Los artistas también se convierten en público
Una de las señas de identidad del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro es su capacidad para generar encuentro. La localidad se convierte no sólo en un espacio de exhibición sino también en “un lugar de convivencia donde artistas, compañías, investigadores, programadores, gestores culturales, periodistas y espectadores comparten mucho más que una programación: comparten tiempo, conversaciones, experiencias y proyectos”, relata Pardo. Así lo confirma que el Festival cuenta con seis espacios escénicos, pero se desarrolla en 15 en total. Uno de ellos, el Parador, se ha incorporado en esta edición como sede, sirviendo como escenario de cinco actividades y todas las ruedas de prensa.
En Almagro, los artistas del Festival también se convierten en público. Llenan las salas para descubrir el trabajo de otros creadores, permanecen en la ciudad más allá de sus funciones, participan en coloquios, encuentros y actividades formativas y convierten el Festival en un espacio donde la creación se alimenta también de la escucha, el intercambio y el diálogo.
Esta edición ha reunido a 700 profesionales acreditados, que han participado en encuentros, mesas redondas, programas de formación (siete actividades en esta edición), clases magistrales y conversaciones abiertas con el público. A ello se suman los espacios de intercambio profesional impulsados por el Festival, que han favorecido el nacimiento de nuevas colaboraciones nacionales e internacionales.
El mundo mira a Almagro, Almagro mira al mundo
La dimensión internacional del Festival ha continuado creciendo en esta 49ª edición, tanto a través de la programación artística como del impulso de nuevas alianzas culturales que consolidan a Almagro como un espacio de referencia para el diálogo internacional en torno al patrimonio escénico.
La programación ha reunido cuatro compañías internacionales procedentes de Italia, China y Francia. Entre ellas han destacado la Shanghai Huai Opera, que presentó ‘Written in Sound’ y consolidó colaboración cultural con China; la compañía francesa del Théâtre de la Tempête —con la colaboración del Institut Française— con su versión de ‘L’Avare’ de Molière; y la histórica compañía italiana Carlo Colla & Figli, que clausuró la programación escénica con ‘Don Chisciotte’, confirmando la extraordinaria capacidad del teatro clásico para dialogar con diferentes tradiciones escénicas.
Más allá de la programación, el Festival ha impulsado encuentros institucionales y nuevas líneas de cooperación con instituciones de China, Uruguay y otros países, fortaleciendo su papel como plataforma de intercambio cultural. Especial relevancia ha tenido el inicio del proyecto internacional dedicado a Margarita Xirgu, que reunirá a instituciones españolas y uruguayas con motivo de la 50ª edición del Festival, así como el fortalecimiento de las relaciones con instituciones culturales chinas, que permitirá desarrollar nuevos proyectos de colaboración en los próximos años.
Un Festival que transforma la ciudad
Pero Almagro49 ha trascendido los escenarios para extenderse a toda la localidad: plazas, patios, museos, iglesias, espacios patrimoniales y comercios han formado parte de una propuesta cultural que convierte Almagro en un lugar donde el teatro se vive en cada rincón.
La programación ha reunido 53 actividades con 146 sesiones, en las que han participado 35.673 personas, consolidando un modelo de Festival que entiende el patrimonio como una experiencia compartida y abierta a toda la ciudadanía.
Las exposiciones han vuelto a ocupar un lugar central en esa propuesta. ‘Hacer realidad lo fingido y verdadero lo aparente’, comisariada por Irene Pardo y Alba Gómez de Zamora, ha recuperado el papel de las mujeres en el Siglo de Oro desde una perspectiva que combina investigación, patrimonio documental, artes visuales y mediación cultural. Junto a ella, ‘Lope para todos’, organizada con motivo del 40º aniversario de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y ‘30 años de El perro del hortelano. Un vestuario de Goya’, dedicada al trabajo del figurinista Pedro Moreno, han reunido casi 24.000 visitantes, ampliando las formas de acercarse al patrimonio escénico.
Precisamente, ‘El perro del hortelano’ de Pilar Miró fue la película encargada de abrir el ciclo de cine de este año en el que también se ha podido ver el documental ‘Bajo las estrellas del Corral de Comedias’, de Antonio Luengo, y ‘El cautivo’ de Alejandro Amenábar que, con la colaboración de Netflix, ha provocado una instalación en la Iglesia de San Agustín y un coloquio en el Corral de Comedias.
La programación de Almagro 360º ha continuado consolidándose como una de las líneas estratégicas más singulares del Festival, conectando el teatro con la gastronomía, el patrimonio histórico, el paisaje, la artesanía y el tejido económico del territorio. Los itinerarios culturales, las propuestas gastronómicas (todas al 100% de ocupación), los encuentros con artistas y las actividades impulsadas junto a instituciones, empresas y asociaciones locales han reforzado el vínculo entre el Festival y la vida cotidiana de la ciudad.
La 49ª edición ha vuelto a demostrar que el Festival es también un motor de desarrollo para Almagro y su comarca. La colaboración con establecimientos hosteleros (que han consignado un 90% de ocupación a lo largo de estas semanas), comercios, artesanos (la feria organizada por AMIARTE ha alcanzado unas ventas de 30.000 euros), empresas e instituciones ha contribuido a que la actividad cultural se traduzca también en dinamización económica y en una mayor proyección del territorio, reforzando el impacto que el Festival genera cada verano sobre la ciudad. En este marco, la Diputación de Ciudad Real ha entregado los primeros premios del circuito gastronómico ‘Sal de Ronda’ a tres establecimientos de la localidad.
La imagen de Almagro49, obra de la ilustradora Judit Canela, ha llenado la ciudad de su relectura de los palos y las figuras de la baraja. A partir de ella, la gama de complementos diseñada por Lausett ha registrado un notable éxito de ventas a lo largo de las cuatro semanas del Festival.
Hacer del patrimonio un lugar compartido
El compromiso con la accesibilidad, la mediación y la acción social ha seguido marcando el desarrollo de la 49ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Consciente de que aún queda camino por recorrer, el Festival ha continuado incorporando recursos, programas y colaboraciones que permitan ampliar el acceso a la cultura y seguir eliminando barreras.
La programación ha incluido siete funciones accesibles, con servicios de audiodescripción, subtitulado adaptado, interpretación en lengua de signos española, y sistemas de ayuda auditiva. Además, se ha puesto a disposición del público apoyo auditivo en el 100% de las funciones y se han desarrollado dos paseos táctiles, dentro de un proceso de mejora continua que busca hacer el Festival cada vez más accesible para todas las personas.
La colaboración con la ONCE y la Fundación ONCE ha permitido celebrar una nueva edición de ‘Acaricia un verso’, dedicada este año a ‘La dama boba’. Más que una actividad accesible, el proyecto ha vuelto a proponer una experiencia artística compartida, en la que personas con y sin discapacidad visual se aproximan al patrimonio desde la escucha, el tacto, la palabra y la imaginación a la que asistieron más de 200 personas.
La mediación cultural ha seguido creciendo como una herramienta esencial para acercar el teatro clásico a nuevos públicos. A través de ocho actividades, con 42 sesiones en las que han participado 615 personas, el Festival ha reforzado su trabajo con centros educativos, asociaciones, colectivos sociales y entidades culturales, entendiendo que la participación comienza mucho antes de que se levante el telón.
“La accesibilidad no es un apartado del Festival; es una manera de entenderlo. Cada paso que damos nos recuerda que todavía queda mucho por aprender y mucho por mejorar. Lo importante es seguir avanzando para que cada vez más personas puedan sentir que este Festival también les pertenece”, ha señalado Irene Pardo.
Tres de cada cuatro espectadores vuelven a Almagro
El impacto del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro trasciende las cifras de asistencia o recaudación. El estudio elaborado por la Universidad de Castilla-La Mancha confirma la consolidación de una comunidad cultural fiel, comprometida y cada vez más vinculada al proyecto del Festival.
Uno de los datos más reveladores es que tres de cada cuatro espectadores (75,8 %) regresan al Festival, un índice de fidelización excepcional que demuestra que Almagro ha dejado de ser únicamente una cita cultural para convertirse en un lugar de encuentro al que miles de personas vuelven cada verano.
El estudio confirma también el creciente peso del Festival como motor del turismo cultural. Ocho de cada diez asistentes llegan desde fuera de Castilla-La Mancha, más del 70% pernocta en la ciudad y la estancia media alcanza los 4,6 días, lo que refleja que el público ya no acude únicamente a una representación, sino que organiza su viaje en torno a la programación, el patrimonio, la gastronomía y la oferta cultural de Almagro y su comarca.
La experiencia obtiene, además, una valoración sobresaliente: 4,58 puntos sobre 5, con un 99 % de asistentes que la califican como buena o excelente y una práctica unanimidad a la hora de recomendar el Festival como destino cultural.
“Estos datos resumen muy bien lo que queremos ser como Festival”, destaca Pardo. “Hemos construido una comunidad que entiende el teatro como un espacio de encuentro, de conocimiento y de disfrute compartido. Ese es, probablemente, el mayor éxito de esta edición”.
Empieza ya Almagro50
La clausura de esta edición supone también el comienzo del camino hacia el 50º Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.
La declaración del 50º Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro como Acontecimiento de Excepcional Interés Público abre, además, una nueva etapa para el Festival, favoreciendo el desarrollo de alianzas estratégicas y el fortalecimiento de su proyección internacional de cara a la celebración del medio siglo de historia del certamen.
La directora ha querido agradecer el compromiso del Patronato, de las administraciones públicas, de las más de 40 entidades colaboradoras, de las compañías, de los profesionales, del equipo del Festival, de los medios de comunicación y, muy especialmente, de los vecinos y vecinas de Almagro, que cada verano hacen suyo el Festival y contribuyen a construir ese ambiente único que lo caracteriza.
“Pero hay algo que ningún balance puede recoger por completo: ese ‘genius loci’, ese espíritu del lugar que convierte Almagro en una experiencia irrepetible”, ha advertido Pardo. “Está en las conversaciones que continúan cuando termina una función, en los artistas que se sientan en las butacas para descubrir el trabajo de otros compañeros, en los espectadores que recorren las calles de un teatro a otro, en la complicidad de quienes se reencuentran cada verano y en una ciudad que abre sus puertas para hacer del Festival algo verdaderamente compartido”.
“El ‘genius loci’ no es una idea abstracta. Es lo que ocurre cuando el patrimonio deja de ser un escenario y se convierte en un lugar de encuentro”, explica la directora. “Cuando el teatro sale de las tablas y se instala en las calles, en las plazas, en los comercios, en las conversaciones y en la vida de la ciudad. Esa energía colectiva es, probablemente, el mayor legado que deja cada edición”.
“Los datos hablan de la dimensión del Festival. El ‘genius loci’ explica por qué tantos artistas regresan, por qué tres de cada cuatro espectadores vuelven y por qué Almagro sigue siendo, para miles de personas, un lugar al que siempre merece la pena regresar”, concluye Pardo.