La llegada de la Formula 1® a Madrid es, sin duda, uno de los grandes acontecimientos deportivos de la ciudad y también una de esas ocasiones en las que una competición trasciende lo puramente deportivo para convertirse en parte de la memoria de quienes la viven. Después de 45 años, Madrid recibe a la Formula 1 y lo hará dispuesta a escribir una nueva página de una historia en la que España ha tenido un papel destacado desde hace décadas.
Una historia compartida con el automovilismo desde 1936
Ese vínculo se remonta a 1936, cuando Tazio Nuvolari celebró su victoria en la Vanderbilt Cup de Long Island con una botella de Moët & Chandon, y fue consolidándose a lo largo de los años hasta convertir a la Maison en una presencia estrechamente ligada a algunos de los grandes momentos de la competición.
Más allá de fechas y nombres, lo que ha permanecido intacto durante todo este tiempo es una manera muy concreta de entender la victoria: no como el éxito de una sola persona, sino como el resultado de un esfuerzo compartido que merece celebrarse también en compañía.
El gesto espontáneo que acabó convirtiéndose en un ritual
Quizá por eso el champagne terminó encontrando de forma tan natural su lugar en el podio. Uno de los episodios que mejor explica esa historia ocurrió en 1967, cuando Dan Gurney, después de imponerse en las 24 Horas de Le Mans, agitó una botella de Moët & Chandon y roció con ella a quienes le acompañaban. Aquel gesto espontáneo, nacido de la euforia del momento y sin ninguna intención de convertirse en tradición, acabó formando parte del imaginario del automovilismo y dio forma a una manera de celebrar que hoy resulta inseparable de las grandes victorias.
Es precisamente esa espontaneidad la que sigue haciendo especial el momento. Después de una carrera en la que cada segundo cuenta, en la que la precisión y la concentración son absolutas y el trabajo de cientos de personas se pone a prueba, llega por fin el instante en el que desaparece la tensión y la victoria puede disfrutarse. El champagne acompaña ese cambio de registro, cuando el esfuerzo deja paso a la alegría y el triunfo de un piloto se convierte en la celebración de todo un equipo y, finalmente, de quienes lo han seguido desde las gradas o desde cualquier lugar del mundo.
Del final de la carrera al podio: así se construye la celebración
En la Formula 1 actual, ese recorrido hacia la celebración comienza incluso antes de llegar al podio. Una vez terminada la carrera, el vencedor firma el Celebratory Jeroboam de Moët & Chandon antes de dirigirse a la Cool Down Room y continuar después hacia la ceremonia final. Es un pequeño ritual dentro de una sucesión de momentos que los aficionados conocen bien y que culmina cuando los tres pilotos se encuentran sobre el podio, levantan sus Jeroboams de Moët Impérial y comparten la celebración entre ellos, con sus equipos y con el público.
El propio Celebratory Jeroboam recoge esa historia y la lleva al presente a través de un diseño que recupera códigos vinculados al legado de Moët & Chandon, reinterpretados con una estética contemporánea y reconocible. Las grandes firmas que recorren la botella refuerzan su identidad, mientras que la rúbrica del piloto ganador convierte cada ejemplar en el testimonio de una carrera y de una victoria irrepetibles. De este modo, la botella deja de ser únicamente parte de la celebración para convertirse también en un recuerdo de ese momento concreto y de todos aquellos que contribuyeron a hacerlo posible.
Madrid, un nuevo escenario para una historia que continúa
Madrid se reincorpora ahora a esa historia en un momento especialmente significativo. España ha sido escenario de grandes capítulos de la Formula 1, desde la carrera de Pedralbes de 1951 hasta algunos de los duelos que marcaron distintas generaciones y los triunfos de Fernando Alonso en Barcelona. La llegada de la competición a la capital abre un nuevo escenario y ofrece la oportunidad de construir otros recuerdos, con nuevos protagonistas y, seguramente, imágenes que acabarán pasando a formar parte de la historia del deporte.
La victoria sabe mejor cuando se comparte
Esa idea conecta directamente con una de las convicciones que mejor representa a Moët & Chandon: la victoria es mejor cuando se comparte. Cuando Madrid celebre el primer podio de esta nueva etapa de la Formula 1, el descorche del champagne volverá a unir la historia con el presente, acompañando un momento que pertenecerá a los pilotos y a sus equipos, pero también a toda una ciudad que habrá esperado durante décadas para volver a vivir la emoción de la Formula 1.