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Allá por los años 30, en un pueblecito de Kansas vivía una dulce niña llamada Dorothy, con una pequeña obsesión: que narices habrá detrás del arcoíris.

Un tremendo tornado fue su inesperado aliado en su propulsión hacia el cielo y así llegó la muy suertuda al reino de OZ.

En su periplo de incesante búsqueda formó una pintoresca pandilla, ya que el destino siempre tiene a bien ponernos en el camino a algún que otro noble compañero de viaje.

El Mago de Oz, peli atemporal, de culto y un firme producto de la contracultura made in USA, está llena de subersivos mensajes ocultos. Personalmente me quedo con el más amable de todos: ese maravilloso deseo de llegar a casa.

Nuestro refugio anti pandemias, oficina improvisada, gimnasio, parque de juegos, garito on-line, obrador de panes y bizcochos.

Estas son mis propuestas de deco para la entrada de nuestro pequeño gran universo personal e intransferible.

Espero que os gusten

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