Era 3 de julio del 2018 cuando comenzaba, en Kirguistán, el gran viaje de mi vida. Un billete de ida y ninguno de vuelta. Una mochila que pesaba más de lo que debía porque iba llena de ilusiones, motivaciones y ganas.

Durante el tiempo de preparación, toda mi gente me preguntaba: Pero… ¡¿por qué Kirguistán?!. La respuesta siempre era la misma: porque me metí en Skyscanner.com y el billete más barato de toda Asia era a Bishkek, la capital de Kirguistán. He de reconocer, que al ver el destino tuve que usar Google maps para ubicarlo… ¡No tenía ni idea!.

Mujeres Kirguesas cocinando platos típicos

El hecho de ir a un sitio del que jamás había oído hablar, del que no sabía nada, ni qué idioma se hablaba, ni qué se comía, ni cómo era su gente… ¡nada!, me motivaba aún más. Por fin llegó el día de mi partida. Como casi siempre, iniciaba este gran viaje de la mano de mi hermano, gran compañero de viajes y aventuras. Su presencia siempre me tranquiliza, además de asegurarme un viaje sin límites.

uno de los tantos paisajes

Aterrizamos en Bishkek, capital del más pequeño de los -stan. A decir verdad, esta ciudad no tiene mucho que ver, pues al venir de la antigua URSS, casi todos sus edificios son “de corte comunista”, es decir, todo muy igual y gris. Aunque no quita que en el centro haya plazas, fuentes, monumentos, parques y mucha vida. Como he mencionado antes, no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar y esto es siempre bueno, pues no te generas ideas preconcebidas y todo te sorprende, en este caso, a bien.

Kirguistán es uno de esos países en los que egoístamente agradeces que la mayoría de la gente no tenga ni idea que existe, porque si no estaría lleno de turistas y la experiencia no sería la misma. Los paisajes son espectaculares, es barato, fácil de moverse, la gente está encantada de ver viajeros y son muy relajados con las visas. En general, mi experiencia por Kirguistán fue inmejorable. Recorrimos desde la capital hasta Karakol, pasando por el lago Issyk-kul. La mayoría de los trayectos los hicimos a dedo, con lo que esto conlleva, y fue una experiencia maravillosa. Nos encontramos con una población, en su mayoría islámica, llena de sonrisas, amabilidad y caras de sorpresa al ver a dos occidentales parados en la carretera, con sus mochilas, esperando a que alguien parase para llevarlos en su coche a sitios que ellos consideraban poco interesantes, pero que para nosotros eran paraísos… Fueron solo 14 días, pero este país tiene atractivos suficientes para pasar un par de meses y no aburrirse.

Cazador con su águila

Hicimos rutas de senderismo por lugares de cuento, acampamos gratis por todo nuestro recorrido, llevábamos nuestra tienda de campaña y con la cantidad de parques naturales y bosques que hay en este país, merece mucho la pena perderse y amanecer entre paisajes de ensueño, pájaros cantando y respirando el aire puro de las montañas. Cocinamos nuestra propia comida quemando leña que encontrábamos en el bosque, vimos muchísimos valles verdes, atravesados por infinidad de ríos en los que nos bañábamos y hasta lavábamos la ropa, lagos con colores turquesa, aguas termales, montañas de hasta 7000 metros (en el sur de Kirguistán se encuentra el precioso Pico Lenin, de 7134m) pero, sobre todo, gente maravillosa y hospitalaria, dispuesta a ayudarnos en lo que hiciera falta.

LO QUE MÁS ME LLAMÓ LA ATENCIÓN DE KIRGUISTÁN

La caza con águilas y los partidos de “polo” kirgueses. En Kirguistán aún continua la tradición de cazar con águilas. Personalmente me costó un poco aceptar esto, pues soy muy amante de los animales y esta práctica conlleva secuestrar a los aguiluchos de los nidos cuando sus madres están consiguiendo comida… pero como otras muchas cosas del viaje, me lo tomé como un aprendizaje más. Además, también tiene su mérito, pues los nidos no suelen estar en sitios de fácil acceso y muchas veces pueden hasta morir al intentar conseguir una cría de águila. Al final, me pareció fascinante ver cómo las águilas son capaces de cazar sus presas y volver al brazo de su dueño. Algo digno de ver.

Pero nada comparado con la forma de entretenerse en Kirguistá. Mientras en Europa formamos equipos para jugar al fútbol o al baloncesto, aquí lo hacen para pelearse por una piel de cabra sin cabeza y pezuñas, para evitar daños a los jugadores, e intentar meterla en la rueda de tractor del equipo contrario a modo de portería o canasta, mientras montan sus caballos.

¡Majestuoso! Es increíble el manejo que tienen de la montura.

Equipo rojo contra equipo azul, peleando la piel de cabra

NO TE PUEDES PERDER

Como a todo el que me pregunta por mi estancia en Kirguistán, a ti también te recomiendo ir a visitar este precioso país. Mi forma de hacerlo fue muy barata, lo que la hizo muy apasionante: autostop, acampada libre, etc… Por lo que mi presupuesto fue de 11€ diarios incluyéndolo todo (sí, has leído bien), pero por supuesto, se puede hacer por algo más de dinero y de forma más cómoda, aunque siempre será barato.

Este país es un lujo, porque además de ser precioso, está al alcance de casi todos los bolsillos europeos. Así que, si te decides a ir, te recomendaría que no te perdieras:

  • El Lago Issyk-kul: El segundo lago de montaña más grande del mundo, solo por detrás del lago Titicaca;
  • Las montañas de Jeti-oguz: Te parecerá estar en el lejano oeste mientras estás entre montañas llenas de vegetación, muy curioso.
  • El Lago salado Соленое көлү: Ya no hará falta que vayas al mar muerto.
  • y por supuesto, haz cualquiera de las increíbles rutas a pie que salen desde Karakol por el Parque Nacional de Karakol Valley. No te arrepentirás. En resumen: un muy buen comienzo para todo lo que seguiría después….