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Creaciones minuciosas, elaboradas a mano y a medida de cada persona, es lo que ofrecen estos artesanos en busca de la durabilidad, personalización y sostenibilidad. Valores tan en auge actualmente que siempre han estado entre sus prioridades desde hace años.

Sombreros, zapatos, encajes, sastrería… son los oficios a los que se enfrentan día a día estos profesionales con los que hemos hablado sobre su trabajo, ese que durante años han mantenido en secreto generaciones anteriores. Un secretismo que hoy deja de tener sentido y se destapa con ayuda del auge de redes sociales donde exponen su trabajo acercándose al público de una forma más directa y cercana.

SASTRERIA SERNA

Firma referente en el mundo de la sastrería, un mundo cargado de misterio y tradición, “como todas las artesanías”, señalan Lucía y Agustín, la tercera generación  de aprendices que se hace cargo de dirigir el timón de Sastrería Serna con fuerza e ideas renovadas y adaptadas a la nueva realidad. “Las artesanías, que llevan muchísimos años, es cierto que han tenido un momento de bajón por falta de información y formación, pero en este momento el auge por consumo responsable, ha provocado que la gente se de cuenta de que existe un producto más exclusivo que te permite tener una experiencia«, comenta Lucía.

Una mujer joven en un mundo liderado por hombres tradicionalmente, signo de que las cosas cambian en todos los sectores y la sastrería no podía ser menos a pesar de su hermetismo, uno de los errores que ellos intentan, y logran subsanar. “Es curioso que los herederos del negocio nunca han sido los hijos sino los aprendices. Esta casa ha fomentado la formación y el compartir los conocimientos que en artesanos es poco habitual, y eso es un error, hay que verlo como cultura que hay que compartir. Si queremos más profesionales y mano de obra debemos dar información sobre el oficio. Si como en los últimos 20 años no hablamos de sastrería y no compartimos conocimientos, se pierden”, afirma Agustín, maestro sastre que dirige el trabajo en equipo de cinco personas en taller: 2 oficiales, 1 aprendiz y ellos. “Solemos coger a gente en prácticas, gente de la carrera de diseño o en módulos de costura de espectáculos pero que no tiene nada que ver con sastrería. Este oficio solo se aprende en una sastrería, en España no hay titulación oficial ni estudios, por lo que solo quedan 15 sastres y 6 o 7 maestros sastre en el país”.

Su apuesta ganadora por productos de calidad, su trato personalizado tratando de ofrecer lo mejor al cliente y la proyección al exterior de una imagen fresca, actualizada y renovada son las claves del éxito del que disfrutan y se han ganado a base de trabajo. “Hay que tener vocación, puedes estar 20 años haciendo lo mismo, la técnica es la misma pero a nosotros nos apasiona, somos afortunados”.

Artesanía, tradición y modernidad, esa es la mezcla perfecta con la que dan su sello personal a cada creación, siempre teniendo en cuenta los gustos del cliente. “A nosotros las redes nos han permitido proyectar nuestra imagen y llegar al público, que a lo mejor no comparte nuestra estética algo mas atrevida, de color, raya diplomática, pero sí le gusta verlo como ocurre con la forma de vestir en Italia y Japón. El publico español es clásico, pero los atrevidos van creciendo en número lentamente”.

Otra de sus especialidades es la sastrería militar desde los inicios, un tipo de costura “con extra de motivación”, aseguran, ya que se trata de prendas casi históricas de las que hay que extraer información previa antes de confeccionar el uniforme que requerirá de unas 80 a 200 horas.

Trabajo duro que no pesa al ver los resultados, fruto de su pasión por el oficio, una pasión que se han propuesto transmitir con todo el que desee a través de unos cursos que preparan e imparten de manera online “A raíz de la pandemia surge la idea de ofrecer un curso online de sastrería, actualmente tenemos alumnos a nivel internacional. Estamos preparando la segunda entrega. Lo enseñamos en primeros planos, lento… Es útil para el que aprende desde cero y también para aprender más de otros sastres conocidos. Se puede comprar por partes si no se necesita completo”, nos cuentan Lucía y Agustín que lamentan ver lo poco que se fomenta la formación de ningún trabajo artesano en España comparándonos con países como Italia donde el aprendiz paga al maestro por enseñar. “En España tienes que hacer un contrato aunque seas tú el que le enseñas, y en sastrería para que un aprendiz empiece a rendir son 3 años”.

FRANJUL

Firma zapatera artesanal que lleva nada menos que 74 años creando piezas únicas a pesar de que “La gente no valora la artesanía en España”, afirma Paco Sánchez, maestro zapatero de la casa que ha visto la evolución de un mundo en el que el número de artesanos es cada vez más escaso. Pero esa corriente parece que cambia su rumbo estos últimos años, el ir y devenir de los acontecimientos ha provocado el interés por los productos únicos, hechos a mano, exclusivos y adaptados a cada persona, y de eso saben mucho en este acogedor local que año tras año visitan cientos de novias, invitadas, amigas y conocidas de esa primera clienta que salió feliz con su par de zapatos. “Somos una casa destacada por el sector bodas, y casa de referencia para muchos diseñadores de moda española que ven un apoyo en nosotros al dar solución a sus necesidades de un modelo concreto, tono concreto de tal tela… una fábrica no podría hacer esto”, señala Pedro Carrillo, director artístico de Calzados Franjul.

Al preguntar por la seña de identidad de la firma, lo tienen muy claro. “La comodidad, el hecho de que esté hecho a mano, como filosofía de marca tenemos muy estudiado los quiebres e inclinaciones que son cómodos, por otro lado la personalización, diferentes modelos, tacones, cada zapato tiene siempre alguna variación”.

Se trata de disfrutar y valorar la belleza de lo artesanal, de una pieza única no hecha en serie ni en masa, en un proceso de fabricación donde se cuidan todos los pasos. “Todo se fabrica aquí en el taller y el rango de precios se determina por la horas de taller, el color no influye en el coste, varía si tiene muchas piezas. Tomando en cuenta el trabajo que hay detrás de slow fashion, el precio varía entre 260 euros y 360 euros, un precio muy bueno si comparas con zapatos de firma de 800 euros, y hablamos de un zapato hecho para ti. Eso solo se puede hacer de forma artesanal”.

ALEXIA ÁLVAREZ DE TOLEDO

Su formación en publicidad y relaciones públicas  llevaron a Alexia al mundo de las marcas de moda, un mundo que llegó a conocer perfectamente, tanto que no dudó en dejarlo todo y emprender una aventura empresarial para la que se veía muy capaz. “Siempre he sido muy manitas y me decían que tenía un don. A parte de formación es tener la visión, saber conjuntar, mezclar cosas, ser atrevida. Me presenté a concursos y más adelante me formé”. 

El diseño y el contacto con los clientes le hacen disfrutar de un oficio artesano produciendo sombreros únicos. “No todos los sombreros los podemos incluir en todo tipo de personas, es algo único, especial, que lleva un asesoramiento, embalaje, carta, y que hago pensando en la clienta que me ha contado su vida. Me hace ilusión porque conecto con mis clientes”.

Tras cuatro años apostando por su marca personal de forma online, hace unos meses tenemos la opción de probarnos su preciosas creaciones in situ, diseños producidos a mano por pequeños productores españoles con los que trabaja en equipo con el objetivo, a corto plazo de afianzar su negocio y disfrutar del auge actual de la artesanía. “La gente empieza a valorar el slow fashion, disfrutar de un producto único al igual que cuidan su comida y aspecto”.

JOHAN LUC KATT  

Gran profesional de los bordados con perlas, cristales e hilos de oro y plata con los que convive día a día dando forma a deslumbrantes creaciones. Desde su infancia en Marruecos, país en el que nació, los bordados de la haute couture que lucían su madre y su abuela en las recepciones que ofrecían deslumbraron a Johan de tal forma que no ha dejado de trabajar y perfeccionar un estilo. 

En París trabajó para la casa Lesage, que confeccionaba para Chanel o Dior, y allí depuró una técnica con la que logró conquistar al mundo.  A nivel internacional ha trabajado para la Reina Isabel II, a la que cautivó con sus broches y hace más de 20 años se afincó en España, donde ha logrado hacerse con la confianza de ilustres clientes entre los que figuran miembros de la realeza como la Infanta Cristina, -diseñó los bordados de su vestido nupcial- o Doña Letizia, -bordó el velo de su vestido de novia-, y del espectáculo con trabajos recientes como el vestido que Cristina Pedroche lució en fin de año, vestido al que dedicó 350 horas bordando piedra por piedra hasta llegar a las 16308 bolas de cristal y más de 7000 brillantinas, cristales y canterano. “Una pieza única” destaca, Johan.

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