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“El arte es como un camino, una senda que te permite ir paralelo a la corriente de tu vida”.

Solo, en la inmensidad de su estudio me recibe Daniel Verbis, (León 1968). Su discreción y timidez inicial, resultan ser meras herramientas que utiliza a la espera de conocer el terreno al que se enfrenta. Por suerte parece gustarle lo suficiente como para dejarnos ver a la persona sensible, erudita y generosa, que nos ofrece sus opiniones e inquietudes sobre el mundo del arte al que se dedica exclusivamente desde hace 17 años tras pasar una época en la docencia. ”Estudié Bellas Artes en Salamanca, al terminar, aprobé la oposición de profesor de secundaria y compatibilice la enseñanza con mi trabajo de artista durante 15 años, pero llegó un momento en él que no podía con todo y dejé las clases”.

Ante la pregunta de cómo te defines. Entre risas contesta que “Bipolar” o, como lo describen otros, peculiar. La realidad es que tiene ese don poco frecuente de la singularidad, eso que le hace diferente. De ahí su riqueza creativa y artística repartida por territorio nacional e internacional, codo a codo con algunas de las mejores galerías. “Trabajé durante 10 años con la Galería Max Estrella de Madrid en una época muy buena en la que se apostaba por gente joven y se vendía bastante. Ahora en Madrid estoy con la galería Daniel Cuevas que ha cogido el relevo de la galería Pilar Serra con la que trabajé diez años y que ha cerrado en julio. En este momento expongo allí en una colectiva. Trabajo también con galerías de otras ciudades, Rafael Ortiz en Sevilla, Siboney en Santander, Trinta en Santiago de Compostela, Gema Llamazares en Asturias, Maior en Mallorca…

“Me siento desbordado por mí mismo”.

Escultura, instalaciones, poesía pero sobre todo pintura. Su estilo ha pasado por diferentes etapas, siempre reconocido por su gusto en experimentar con el uso de materiales diversos y poco o nada utilizados en un lienzo. De ahí su estilo único difícil de catalogar. “Es fatigoso definirlo, digamos que mi obra es a primera vista abstracta, pero luego hay elementos extraídos de la realidad objetiva dispuestos de tal manera que resultan difíciles de identificar. En el fondo me siento como una esponja, recojo cantidad de influencias o cantidad de motivos e imágenes e intento hacer algo nuevo con ellas”.

¿Qué opinas del arte contemporáneo actual?

Lo que caracteriza al arte contemporáneo es la disparidad de planteamientos, y la legitimidad de casi todos. No existe un canon y por lo tanto se da una cierta inestabilidad en el juicio que podemos exteriorizar. Todo el mundo opina, lo que me parece muy bien, y todas las opiniones en principio pueden ser válidas, no puedes agarrarte a unos criterios estrictos porque todo pasa por el subjetivismo, en el fondo el arte es ahora completamente individualista, muy personal. Aunque lo cierto, es que los artistas no dejan por eso de apuntarse a las modas, en los 80 el expresionismo alemán, luego la postvanguardia, el neoconceptualismo, el neominimalismo, la neogeometría…, ahora triunfa el arte postcolonial o el arte reivindicativo de cuestiones de género o causas sociales o ecológicas…en el fondo seguimos haciendo vanguardia pero neovanguardia  aspectos ya trabajados por la vanguardia y por el arte del siglo XX, adaptados a las problemáticas del presente-. Hoy en día es muy difícil crear algo completamente nuevo.

¿Te ves reflejado en tu obra?

La realidad, es que voy como un insecto de flor en flor esperando realizar un día una obra indiscutible, una obra concluyente que me defina, pero veo que eso no pasa, que soy demasiado disperso, y que siempre estoy dando vueltas al núcleo de los problemas, moviéndome por los márgenes, incapaz de decidir el interés de cada uno de los problemas que me surgen, moviéndome siempre por la periferia de mi mismo, intentando decidir quién soy para poder decírselo a los demás, pero parece ser que eso es algo muy difícil, algo casi imposible. En el fondo uno nunca puede definirse porque es incapaz de verse con objetividad. En mi caso el arte es como una senda que tengo que abrir a machetazos, porque hoy en día es difícil saber quienes somos.

¿Debemos ver tu obra al detalle o en global?

Creo que “el demonio está en los detalles” y que por lo tanto los detalles dicen bastante de uno mismo. Y eso yo lo tengo en cuenta. Por eso aunque normalmente es recomendable observar las obras a una determinada distancia, yo me esfuerzo en que el cuadro funcione en todas las distancia. Cuando uno se acerca a un cuadro, tiene que notar que esta bien pintado y cuando se aleja también. La pintura tiene que ser interesante en la observación cercana y en la observación más alejada. El pintor normalmente trabaja a medio metro del cuadro, lo que da de sí su brazo, pero la mirada del espectador normalmente no está tan cerca, todas esas distancias de las miradas hay que controlarlas.

 

«El arte afronta problemáticas desconocidas y te hace percibir realidades diferentes».

 

¿Coincide lo que el público ve con lo que tú has querido transmitir?

Es difícil, normalmente uno pone mucha intención en lo que hace, mucha “autoridad”, mucha voluntad, muchas citas o referentes, y el espectador no siempre tiene esas claves, no siempre es un crítico o un entendido, pero creo que el artista debe también ofrecer aspectos atractivos para ese espectador menos informado. Muchas veces el artista está ciego a sus influencias, no deja de ser la inocente imagen de un tiempo histórico que él desconoce, la demostración palmaria de una especie de inconsciente óptico que le supera. Nuestra herencia cultural es un magma de imágenes que tenemos archivadas en nuestro cerebro, con aquellas que damos validez o nos interesan vamos haciendo nuestro propio lenguaje. Las imágenes supervivientes son las notas de una partitura que cada uno toca a su manera.

¿Referentes?

Varios, me gusta David Hockney por la riqueza de su lenguaje plástico, Jasper Jhones, que para mí es lo más en pintura, o Luis Gordillo con el que he tenido mucha relación y me encanta. Bruce Nauman por su austera radicalidad me apasiona y Picasso, ¡cómo no!, por su personalidad cambiante incluso aunque yo no trabaje en el entorno de la figuración, o Duchamp, por su visión erótica, casi decimonónica. Creo que los artistas icónicos son los que más nos influyen, a veces incluso porque son o han sido la razón de tu rebeldía. Todos ellos son artistas indiscutibles que has estudiado, amado y a veces detestado y por eso te influyen.

¿Cómo es tu proceso creativo?

Todos creen que soy ordenado, pero en realidad intento quitarme de la vista todo lo que voy haciendo, porque esa es una mochila demasiado pesada. Yo digo que en esto del arte siempre soy amateur, porque uno solo es creativo cuando hace algo novedoso, cuando hace algo por primera vez, y en ese sentido el proceso no lo tiene aprendido, y el resultado no es algo que ya sepa. A mí lo que más me excita es ver qué pasa cuando haces algo de una manera que no es la habitual, esa chispa, esa sorpresa, que es un poco infantil, una especie de juego, eso es lo que más me gusta. En esa mecánica me siento cómodo, porque lo que a mí me divierte es mezclar cosas y ver qué pasa, darle un sentido a eso que te sale y ver como eso se convierte en un reflejo de tu forma de pensar, en tu propio lenguaje. Con estas cosas me entretengo hasta que veo que la cosa empieza a repetirse y me aburro.

¿Cuándo das por terminada una obra?

Bueno, yo normalmente acabo trabajando por series. Voy en la dirección de algo que me interesa hasta que de repente me doy cuenta que me estoy repitiendo o abotargando y que ya no puedo seguir por ahí. En ese momento cambio y me planteo un nuevo rumbo en mí trabajo, aunque la verdad que luego puedo retomar cosas del pasado cuando veo que todavía tienen cierto recorrido si logro combinarlas con algún elemento o procedimiento nuevo. Al final pintamos lo de siempre pero dándole una apariencia nueva. Uno tiene que alejarse un poco de uno mismo y de su lenguaje porque si no llega un momento en que uno no ve más allá de sus narices y entonces solo intenta o hacerlo mejor, o más bonito, o más grande, y ese MÁS se convierte en algo que dificulta la creatividad, y uno se convierte en una especie de caricatura agigantada de sí mismo. Lo fundamental en el arte es traspasar los límites de uno mismo por arriba o por abajo, no lo grande o pequeño que uno quiera parecer.

¿Qué opinas de la frase “Eso lo hace cualquiera”

Es un tópico. Cualquiera puede hacer cualquier cosa, pero no cualquiera puede hacer lo que el otro hace. Por mucho que se diga un niño no puede pintar un Miró, eso al final es una frase hecha que refleja una especie de ignorancia respecto de las dificultades que conlleva hacer cualquier cosa, aunque sea cambiar un enchufe. Mira, cuando haces una cosa por primera vez, lo más normal es que tengas que hacerlo dos veces porque nunca sale bien a la primera. La maestría es el resultado de la repetición y el entrenamiento además de ciertas facultades. El hecho comunicativo, el arte, es fruto de una evolución del lenguaje de la forma. La dificultad del arte es, a partir de ciertos elementos que van apareciendo en el cuadro, ver la manera de darles sentido, pues los signos del lenguaje sólo son significativos dentro de un contexto y los actos artísticos fuera de contexto son irrelevantes o resultan ridículos.

¿Cómo te defines?

Equívoco. Yo creo que definir las cosas y las personas es algo funcional, hay que hacerlo para ir un poco seguros por la vida pero sabiendo que todo es mentira. Las definiciones siempre son un poco castrantes, siempre limitan. Yo me definiría como una persona perseverante pero en la desviación. Porque lo bueno del arte es que cada día haces algo distinto y hacer constantemente lo mismo a mí me resultaría insoportable. Hoy en día el profesional del arte tiene que atender muchos frentes, tiene que controlar muchos aspectos. Antes el artista pintaba el cuadro, se vendía y punto. Ahora uno tiene que fotografiarlo, explicarlo, embalarlo, transportarlo y traerlo de vuelta al estudio, si expones hacer nota de prensa, diseñar la exposición, hablar con la gente, atender las redes sociales….realmente hay mucho trabajo y si eres autónomo, autosuficiente o un poco misántropo es complicado llegar a todo, siempre hay algo que no abordas todo lo bien que te gustaría, ya sea la parte social, ya sea la parte de documentación o la parte de archivo o la parte de conservación…, porque hacerlo todo perfecto es imposible sin ayuda.

¿Proyectos?

Estos días expongo una instalación en el Musac de León, en una exposición sobre todo el trabajo que se hizo en la galería Tráfico de Arte durante los años 90. Era una galería muy alternativa que dinamizó la vida cultual en León y que en su momento quizás no fue valorada en su justa medida. Es curioso, porque yo no suelo repetirme y sin embargo esta es la cuarta vez que presento esta instalación. La hice originalmente en el círculo de Bellas Artes para el Salón de los 16, que era una exposición anual que se hacía eligiendo a los 16 artistas más destacados del año, allá por el 96. Luego la expuse en ARCO y otra vez en Miami la galería Emilio Navarro con la que trabajaba entonces, y ahora la he instalado por cuarta vez en el Musac. En enero o febrero expondré en la galería Gema Llamazares en Gijón, si la pandemia nos deja.

¿Qué valoración haces de tu trayectoria?

Tengo la sensación de haber pintado mucho, de haber trabajado mucho y de haber puesto como prioridad en mi vida siempre el presente de cada obra o cada cuadro que tuviera entre manos, tal vez también tenga la sensación de no haber sabido jugar mis cartas en el mercado del arte con la suficiente inteligencia, porque en fin, uno siempre piensa que tendría que estar más considerado, o más valorado o más querido en no sé qué absurda escala de valores o prestigio social. Aunque dada mi misantropía no me quejo, vivo de esto y para esto, y ya es bastante.

Video y texto: Raquel Merino

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