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Siempre he sentido fascinación por las mariposas, por eso elegí este mantel. Hay un proverbio chino que dice. “El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. El jarrón chino representa este proverbio, que significa que hasta las cosas más pequeñas pueden tener un efecto considerable e inesperado que no se corresponde con la situación que lo empezó. Es lo que se conoce como efecto mariposa.

Desde el punto de vista de la psicología, también podemos provocar en los demás efectos positivos y negativos. Nosotros elegimos cuales. Estando atentos y sensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor podemos producir ese cambio: un gesto caritativo, una sonrisa, un acto de generosidad, una palabra amable, un deseo de ánimo, un abrazo de consuelo… todo ello puede generar cambios positivos en la actitud de cuantos nos rodean y por tanto en nuestra vida.

Hay otro aspecto de las mariposas que me emociona y conmueve: la metamorfosis. La podríamos comparar con las situaciones de la vida que nos asfixian, nos encogen el corazón, exprimen nuestras fuerzas y nos sentimos tan abatidos que pensamos que es el final. Pero “cuando la oruga pensó que era el final, se convirtió en mariposa”. Todo final es la posibilidad de un nuevo principio. Porque donde una puerta se cierra, otra se abre. Porque cada etapa de la vida tiene su aprendizaje, su metamorfosis. Sin obstáculos, no desarrollaríamos nuestro potencial, no nos realizaríamos en plenitud. Nunca nos convertiríamos en mariposas.

Monté esta mesa para mis hermanos. Somos seis. Tres chicas y tres chicos. Parte de esa metamorfosis que pasamos en la vida hasta madurar como personas fue en nuestra niñez, en la que juntos vivimos momentos que nos marcaron para siempre. Sólo con una actitud positiva, espíritu de lucha, resistencia y creatividad fuimos capaces de superarlas.

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