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En este año tan difícil para todos debido a la crisis de covid19 y casi imposible para la música en directo, el Festival de Jazz de Almuñécar (organizado por la Diputación de Granada y el Ayuntamiento de Almuñécar) decidió con gran valentía mantener su programación para el pasado mes de julio, dedicada solidariamente a intérpretes de Jazz nacionales, demostrando que cuando las cosas se hacen bien y con cabeza, los riesgos de contagios en este tipo de espectáculos pueden ser casi inexistentes y desde mi punto de vista, seguramente mucho menores que los que se puedan producir en otro tipo de reuniones o situaciones.

 

El Festival ha cumplido treinta y tres ediciones reforzando su posición como el evento más importante de este género en todo el litoral andaluz y uno de los más veteranos dentro del panorama nacional.
Ha sido por tanto una edición especial en su formato, reducida a 4 días de conciertos dobles, suprimiendo las actividades de calle, postconciertos y trasnoches y con menos de la mitad del aforo habitual debido a la necesaria separación entre asientos.

Con un escenario al aire libre ubicado en el especial parque de “El Majuelo” en Almuñecar, bajo una fortaleza árabe, junto a una ruinas fenicias que son patrimonio histórico cultural y rodeado de una exuberante vegetación Tropical, este festival goza de un atractivo muy especial para la celebración de estos eventos  musicales.

Cuanto me alegro de haber mantenido mi reserva de hotel ya que el festival fue todo un éxito en general, con un público entusiasta deseoso de disfrutar del mejor jazz en libertad y de una forma muy emotiva, ya que eran los primeros conciertos que presenciábamos tras los meses de confinamiento que hemos padecido, pero con el civismo y responsabilidad que precisaba la situación actual.

En estos 4 días de conciertos celebrados del 22 al 25 de Julio, hemos podido comprobar el alto nivel que tiene el jazz español en este momento, con artistas de primera fila y de varias generaciones, como son el Costa Jazz Quartet, Chicuelo & Mezquida, M.A.P., Lucía Rey Trío, Chano Domínguez Trío, Javier Colina Quartet, Pepa Niebla y el quinteto de Andrea Motis.

Esta mágica edición del festival comenzó puntualmente el miércoles 22 de julio a las 21:00 horas, a cargo del grupo local Costa Jazz Quartet, formación granadina de una gran elegancia en sus interpretaciones y habituales en las últimas ediciones del festival. El grupo está liderado por el saxofonista Jesús Mata y el pianista Jacinto Rodríguez, fundadores y principales solistas de este grupo, junto con el contrabajista Ángel Pimentel y el baterista sueco André Borgström. Costa Jazz Quartet calentó el ambiente con un repertorio variado y muy completo de estándares de jazz y recibió el reconocimiento de los asistentes con numerosos aplausos en cada uno de los temas interpretados, demostrando las ganas y necesidad que teníamos de disfrutar de buena música.

Costa Jazz Quartet

El plato fuerte de la velada inicial lo protagonizaron a continuación, el genial dúo formado por el guitarrista de Cornellá Juan Gómez “Chicuelo” y el pianista menorquín Marco Mezquida, acompañados a la percusión por Paco de Mode.

Como indica su primer trabajo del 2017 denominado “Conexión”, Chicuelo y Mezquida han encontrado un nuevo lenguaje muy personal entre el flamenco y el jazz que reúne lo mejor de sus potentes personalidades, para deslumbrar con la intensidad con que interpretan las melodías al unísono y con la facilidad con la que conversan en los solos que interpretan. Hay que hacer notar que su dúo tampoco son dos, de ahí el título, “No hay dos sin tres”, de su último disco. El tercero es el percusionista de Reus “Paco de Mode”, el cual no figura en las portadas de los discos (si en su interior) pero que es pieza clave en el engranaje del grupo.

El guitarrista Chicuelo

El pianista Marcos Mezquita

Tras disfrutar enormemente de estos dos primeros conciertos del festival, pude descansar con una sensación de felicidad y liberación como no había sentido en muchos días y me di cuenta que era lo que necesitaba para recuperar poco a poco el ánimo perdido.

El segundo día de actuaciones (jueves) comenzó a la misma hora con el trío de la joven y destacada pianista madrileña Lucía Rey, magníficamente acompañada por el baterista cubano Michael Olivera y el contrabajista Toño Miguel, así como con las originales intervenciones de la bailaora Cristina San Gregorio que añadió una gran dosis de colorido y espectacularidad al concierto. Fue en conjunto una actuación muy llamativa e intensa, interpretada con mucha solvencia y donde destacó la gran química y complicidad que se percibía en el escenario..

Lucia Rey en acción

En este concierto pudimos comprobar las diferentes influencias y vivencias de la pianista, pasando por las ciudades en las que la compositora realizó sus estudios de música y piano durante algunos años, La Habana y Nueva York (en temas como Destino Habana y Brooklyn Blues), así como por las tierras andaluzas de Granada en su tema Bulerías.

Lucía Rey junto a la bailaora Cristina San Gregorio.

Tras despedir al magnífico trío de Lucía Rey con una fuerte ovación por parte del público, le tocó el turno al trío de M.A.P., que es el acrónimo del trío experimental formado por el elegante y creativo pianista Marco Mezquida (que repetía actuación en esta edición del festival), el pasional y expresivo saxofonista Ernesto Aurignac y la habilidad rítmica del baterista Ramón Prats. Estos 3 músicos son unos magníficos improvisadores, compositores e intérpretes que conforman un original triángulo en el que cada vértice es imprescindible.

Los integrantes de M.A.P

Podemos asegurar que el directo de este peculiar trío no dejó indiferente al público por su estilo libre y arrollador desde el inicio, interpretando cada tema con una autenticidad, entrega y expresividad que nos impactaron profundamente. Con ellos pudimos experimentar vibrantes sensaciones y emociones que estaban deseando salir de nuestro interior para continuar nuestro proceso personal de liberación.

El tercer día de conciertos contó con dos inmejorables actuaciones de auténticos mitos del jazz nacional, como son el pianista gaditano Chano Domínguez y el contrabajista navarro Javier Colina que además recibió la medalla de la ciudad costera e imprimió su firma en el ‘Bulevar del jazz’ del parque El Majuelo. Colina une así su nombre en el paseo del parque a estrellas de la talla como Eliane Elias, Charles Lloyd, Chucho Valdés, Kenny Barron, Enrico Rava o Jorge Pardo.

Chano junto a Horacio Funero

Chano es el músico que más veces ha actuado en este festival y junto a su trío formado para la ocasión por el magnífico contrabajista argentino Horacio Fumero y el destacado baterista catalán David Xirgu, demostraron la maestría que poseen para integrar los ritmos populares y el flamenco en el lenguaje del jazz. En este concierto Chano nos demostró que es mucho más que un pianista jazz-flamenco, interpretando con maestría tanto piezas propias de los años ochenta como alguna otra sin nombre que acaba de componer durante el confinamiento y que fueron muy del agrado del público, demostrando lo vigente que se encuentra este veterano músico.

Vista del auditorio en un descanso entre conciertos.

Tras el muy aplaudido gaditano, llegó el turno del contrabajista Javier Colina, considerado uno de los mejores contrabajistas de la escena nacional y europea, un músico siempre en constante movimiento y buscando nuevos caminos para la expresión del Jazz. “Somos nómadas” nos explicó al inicio de su concierto y de esta forma su música está influenciada por los sonidos de Nueva York, el Magreb, el Caribe, Centro América, etc. Su estilo en directo es hipnótico debido al especial sonido que saca de su contrabajo y a su forma tan especial de arropar el instrumento. Sus notas pausadas llevan una importante carga emocional que te ponen la carne de gallina y su actuación como no podía ser de otra forma fue un regalo para nuestros oídos y nuestra alma, muy necesitada de emociones auténticas y sinceras. Tras presenciar estos dos magníficos conciertos creo que esa noche pude dormir con una sonrisa de satisfacción en la boca por primera vez en muchas semanas.

Javier Colina junto al saxofonista Ariel Brínguez

Y llegó el último día de festival al que me enfrenté con algo de tristeza pero con la necesidad de seguir disfrutando nuevas sensaciones musicales. Y con esta mezcla de emociones escuché a la cantante y compositora malagueña Pepa Niebla, ahora establecida en Bélgica pero muy conocida en Granada, cuya versatilidad vocal le permite abordar con gran acierto el blues, el soul y el jazz. Sus experiencias de vida en Granada, La Habana, Londres y Bruselas le han dado la oportunidad de crecer, aprender y experimentar en diferentes géneros. En este concierto nos presentó su nuevo proyecto denominado Renaissance (2020), su primer álbum con composiciones originales y con letras en inglés, español y portugués que dejaron un excelente sabor de boca a la audiencia.

La última actuación del festival correspondió a la personal cantante y trompetista catalana Andrea Motis, a la que quiero felicitar por su reciente maternidad. A pesar de su juventud, Andrea es ya una veterana del Jazz nacional que ha ganado una enorme seguridad en el escenario, lo cual le permite interpretar con mucha solidez tanto temas clásicos del jazz, como otros temas más ligeros (interpretados en portugués y catalán) gracias a su melódica voz y a su destreza vocal. Para esta actuación preparó un conjunto de canciones muy conocidas como por ejemplo “Ain’t no sunshine” o “Mediterráneo”, junto con temas de su reciente disco dedicado a la música brasileña donde nos conquistó a todos con su natural y peculiar timbre de voz, prodigándose menos de lo habitual con su trompeta quizá por el evidente y avanzado estado de su embarazo.

Andrea Motis

Como es habitual estuvo acompañada de sus músicos habituales, los solventes Joan Chamorro al contrabajo, Ignasi Terraza al piano, Esteve Pi a la batería y Josep Traver a la guitarra. Andrea tuvo también el detalle de invitar a Pepa Niebla a cantar un par de temas con su grupo para poner un magnifico broche de oro al festival.

El grupo de Andrea Motis al completo.

Y para finalizar este artículo y reflejar lo que ha significado para mi esta edición del festival de Almuñecar, me viene a la mente la frase del gran periodista y locutor de Radio 3, Ramon Trecet, con la que terminaba todos sus programas radiofónicos y que decía:
«Buscar la belleza porque es la única protesta que merece la pena en este
asqueroso mundo».

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