«Nuestra historia está profundamente arraigada en una tradición familiar vinculada al olivar desde hace generaciones, pero siempre hemos entendido que la tradición solo tiene valor cuando es capaz de evolucionar», señalan. A lo largo de los años, la compañía ha sabido preservar el conocimiento heredado mientras incorporaba tecnología, investigación y una visión internacional que le ha permitido anticiparse a las nuevas demandas del mercado.
La calidad sin concesiones ha guiado cada una de sus decisiones, desde el cultivo hasta la elaboración, pasando por el diseño, la sostenibilidad y la comunicación. Una filosofía que ha convertido a Castillo de Canena en una marca reconocida y respetada en más de medio centenar de países.
La ciencia como herramienta de futuro
Precisamente esa apuesta por el conocimiento es la que dio origen al Premio Internacional de Investigación Oleícola «Luis Vañó». Para la familia Vañó, las empresas tienen una responsabilidad que va más allá de la actividad económica.
«En un producto tan ligado a la salud, la cultura y la sostenibilidad como el aceite de oliva, es fundamental contribuir a generar conocimiento que beneficie a toda la sociedad y al propio sector», explican.
El estudio premiado este año ha resultado especialmente relevante por aportar evidencia científica sobre cómo determinados compuestos fenólicos presentes en el aceite de oliva virgen extra contribuyen al equilibrio de la microbiota intestinal, un aspecto cada vez más vinculado a la salud general del organismo.
Sus posibles aplicaciones abarcan ámbitos tan importantes como la prevención de enfermedades metabólicas, la reducción de procesos inflamatorios o la mejora de la salud digestiva. Además, refuerza con datos científicos el papel diferencial que desempeña el AOVE dentro de la dieta mediterránea.
Los retos de una nueva década
El reconocimiento llega en un momento especialmente importante para el sector oleícola, que afronta desafíos tan relevantes como el cambio climático, la sostenibilidad y la evolución de los hábitos de consumo.
Para Castillo de Canena, la adaptación será clave durante los próximos años. La reducción de recursos hídricos, la conservación de los suelos y la necesidad de desarrollar sistemas productivos más eficientes obligan a replantear muchos aspectos del cultivo tradicional.
A ello se suma la creciente demanda de transparencia por parte de los consumidores, especialmente entre las nuevas generaciones, que valoran cada vez más aspectos como la trazabilidad, la autenticidad, el impacto medioambiental y los beneficios para la salud.
«Será fundamental seguir divulgando las diferencias entre un aceite de oliva virgen extra de excelencia y otros productos. La educación del consumidor será una de las claves del futuro», afirman.
Un consumidor más exigente
El mercado del aceite premium también ha evolucionado de forma notable durante la última década. Si antes la decisión de compra estaba vinculada principalmente al origen o a la marca, hoy el consumidor busca conocer toda la historia que hay detrás del producto.
Quiere saber cómo se cultiva, cómo se elabora, cuál es su impacto ambiental y qué beneficios puede aportar a su salud. También demanda experiencias diferenciadoras y productos con identidad propia.
En este contexto, el AOVE premium ha dejado de ser simplemente un ingrediente para convertirse en un producto gastronómico con personalidad propia, capaz de transmitir territorio, cultura y excelencia.
Innovación y sostenibilidad
De cara al futuro, Castillo de Canena mantiene tres grandes ejes estratégicos: sostenibilidad, innovación y generación de conocimiento.
La compañía trabaja actualmente en proyectos relacionados con la agricultura regenerativa, la mejora de la eficiencia en el uso de los recursos y la incorporación de nuevas tecnologías de precisión en todas las fases del proceso productivo.
Paralelamente, continúa impulsando investigaciones científicas que permitan seguir profundizando en los beneficios del aceite de oliva virgen extra y en su papel dentro de una alimentación saludable.
Un compromiso que resume perfectamente la idea que Francisco y Rosa Vañó desean dejar como legado:
«Que el aceite de oliva virgen extra es mucho más que un alimento: es cultura, salud, sostenibilidad y conocimiento».
Una filosofía que ha convertido a Castillo de Canena en mucho más que una marca de aceite: en un referente internacional que demuestra cómo la unión entre tradición, innovación e investigación puede generar valor duradero para todo un sector.