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Irene Pardo

Irene Pardo, directora del Festival de Teatro Clásico de Almagro. Fotografía: Raquel Merino.

Apasionada de la palabra y de la escucha, es normal que en su primera edición como directora de uno de los festivales más longevos y respetados del teatro clásico, haya conseguido destacar por sus logros. “Afronto el cargo con mucha ilusión y responsabilidad, porque el eje es preservar y difundir el siglo de oro, no solo el teatro, cualquier manifestación artística y hacerlo de la manera  más consecuente posible para poder llevar a formalizar un programa cultural completo, lleno de programación expositiva, de actividades que tienen que ver con la formación, la investigación y la reflexión. Con actividades de otra índole como la gastronómica o la arquitectónica y desde el ámbito de la medición cultural. Este festival no se puede arrancar de aquí y ponerlo en otro sitio. Almagro y el festival están completamente unidos y haber conseguido eso es extraordinario”.

Sus más de veinte años en la red española de teatros como coordinadora y los últimos años de gerente vinculada al Ministerio de Cultura y al INEM, han sido claves para que se fijaran en ella. “Entiendo que hicieron conocer mi trabajo y a la hora de hacer el cambio de dirección me propusieron ser directora. A partir de ahí se inició un proceso de diálogo con el Ministerio y fruto del acuerdo y de las conversaciones, que es muy importante y está muy poco valorado conversar, hemos llegado a este momento. Hoy, a 4 de julio, y ya no tengo ni voz”, asegura Pardo.

“Todo lo que se pueda trabajar en red es sumar”

Su energía y pasión al hablar de los clásicos contagian esa necesidad de conocerlos a fondo, aprovechando la amplia y variada oferta que ofrece el Festival. “El teatro clásico se basa en textos escritos hace cuatrocientos años, tiene una vigencia y son de una modernidad hoy en día que es abrumadora. Ese choque al escuchar textos donde se habla de valores, celos, honor  y como te enseñan los clásicos que nadie puede pisotear tu dignidad como persona. Eso hoy en día tiene un valor tremendo y es de una belleza enorme. La fuerza de la palabra, el ejercicio de escucha que es tan necesario poner en práctica. Eso los clásicos también te lo dan”.

Irene Pardo, Directora del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, durante una rueda de prensa con el diseñador de moda y figurinista Lorenzo Caprile. Fotografía: Pablo Lorente.

“Entendemos que la internacionalización del festival tiene que ser un viaje de ida y vuelta”

 

Valores y espectáculo que es necesario compartir con el mundo tejiendo redes. “El festival se hace internacional con programas internacionales. Exportar el talento de la creación española, el teatro del siglo de oro fuera de nuestras fronteras es importante y se hace generando redes de contactos, de colaboración. Por ejemplo reuniones sobre la red de festivales de verano para conseguir producciones más sostenibles repartiendo el coste.Todo lo que se pueda trabajar en red es sumar».

¿Qué salud tiene el teatro?

El teatro clásico tiene una salud de hierro, no hay nada como el espectáculo en vivo. En la presentación del Festival escuchamos a varios coros, cada uno siente algo propio al escuchar, seguro que viene algún pensamiento más triste, alegre, solemne. Había trescientos coros cantando para cada uno de nosotros pero a la vez unidos, vivimos una experiencia personal pero en un ritual compartido, eso no te lo da la pantalla. 

¿Cómo responde el público?

La respuesta del público es buena, nada se puede analizar sin el contexto en el que vivimos pero Almagro sigue siendo un lugar de encuentro, de una belleza y calma sanadoras y eso se nota en la forma de ser del público. Uno de los días se tuvieron que parar dos obras por la lluvia, la respuesta fue emocionante, ese público generoso, tranquilo, sereno, cómplice que no emitió ni una queja. La gente se fue a los soportales, una señora resistente con su chubasquero transparente se quedó allí sentada y todos le dimos un aplauso. Fue divino.

¿De dónde viene esa magia que transmite la puesta en escena en el teatro?

Los actores son especiales, personas muy sensibles con una capacidad reflexiva muy alta y con unas ganas de comunicar todo extraordinarias. Tienen que hacer un ejercicio de llenarse y vaciarse en cada función. Eso te hace estar en un estado de sensibilidad permanente. A mí como espectadora me parece mágico cuando te sientas y empieza el verso, hay un primer momento… que no lo puedes saltar, esos minutitos y de repente empieza la musicalidad del verso a fluir. Que eso me siga sucediendo, ese clic de la conexión con el verso es mágico.

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