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Pues si, doy fe, existe el amor a primera vista. Es exactamente lo que sentí por esta preciosa vajilla francesa antigua de Luneville en cuanto la vi. Tiene un dibujo y una combinación de colores preciosa, además de una magnífica sopera. Tenía que ser mía si o si, y conmigo se vino a casa.

La estrené al siguiente fin de semana en una comida familiar. La combiné con un mantel bordado de mimosa blancas, que es uno de mis favoritos. Tengo otro igual de mimosas en amarillo con el que hice la primera prueba, pero el bordado se apoderaba del dibujo de la vajilla. Opté entonces por el segundo y comprobé que en este caso lo realzaba.

Cubertería clásica, copas en dos colores: malva y transparente, y servilletas de hilo antiguo con inciales también en color malva. Elegí estas últimas y no las del propio mantel, por la vida que le dan a la mesa, y por combinar a la perfección con las flores del centro. Para la confección de este último me serví de la espléndida sopera que tiene la vajilla. Coloqué dentro de ella limas, manzanas verdes, e ipomeas de “flora cunetera”, recogidas momentos antes de caminos próximos a mi casa. Cuando hago este tipo de centros suelo prescindir de la tapa de la sopera, o apoyarla a un lado. En este caso decidí colocarla encima para que luciera tal cual es, sin renunciar a alegrar la mesa con flores y frutas.
Con esta mesa conseguí un 1er. puesto en el concurso francés de mesas @wawlatable .

En fin, amor a primera vista con final feliz.

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