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Hay ocasiones en las que deseamos que una mesa sea realmente especial, que sorprenda e invite por igual a disfrutar de un momento irrepetible. Es lo que me planteé a la hora de montar esta mesa, quería una mesa elegante pero no clásica, con un punto atrevido y sofisticado… para ello nada mejor que un mantel listado en blanco y negro, de fuerte impacto visual. Los bajoplatos de cristal negro ayudan a reiterar esa idea, en contraste con un plato de Limoges blanco con filo dorado.
Para romper con la monotonía del tándem blanco-Negro me decidí por unos platos de porcelana francesa vintage en azul y blanco de marcado dibujo para aportar dinamismo al esquema y que creo se convierten en absolutos protagonistas de la mesa junto con unos candeleros a juego antiguos de plata y porcelana.
Para armonizar y suavizar los contrastes, después de varias pruebas, me decanté por incluir unos delicados toques de color rosa suave en los complementos como los platos del pan, las servilletas y las velas, así como un centro floral también en blanco y rosa.
Para finalizar una cuberteria dorada siempre aporta un plus de sofisticación y elegancia. Para mí el resultado es una mesa equilibrada, sofisticada pero sin estridencias, elegante pero actual… lista para disfrutar de una buena cena con nuestros invitados.

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