La primera sensación al llegar a Marrakech es de un caos organizado, para un occidental resulta curioso. Sorprende la luz, el cambio de temperatura, la gente,… Cuando en el aeropuerto por fin encontramos nuestro taxi, entre un enjambre de conductores y carteles con nombres de viajeros, pusimos rumbo a nuestro destino: un riad situado en plena Kasbah.
El concepto riad fue una sorpresa para nosotros. Son casas tradicionales árabes, con un patio interior alrededor del cual se reparten las habitaciones (entre cinco y diez habitualmente) y distribuidas en dos o tres plantas. Se estima que hay unos mil riads en Marrakech.
El Riad Charme D’Orient donde nos alojamos, era un oasis de paz y tranquilidad. El único sonido de la fuente del patio y los aromas árabes en el ambiente, acompañaban nuestro descanso cuando llegábamos al Riad tras nuestras agitadas jornadas en el «Crazy Marrakech».
En nuestros días en Marrakech visitamos lugares de ensueño. Probablemente el que más nos impresionó, aunque esto es una cuestión personal, fue el Palacio El Badi. Un lugar en ruinas donde las dimensiones, la luz, las formas y los colores, sobrecogen. A la caída de la tarde es todo un espectáculo.
Comer en alguno de los restaurantes frente la Mezquita Mulay El Yazid en La Kasbah es otro de los pequeños placeres que te brinda la ciudad. Y más, si la tranquilidad del almuerzo se ve interrumpida por una de las llamadas a la oración desde la mezquita.
Otra de las cosas que no puedes dejar de hacer es visitar las Tumbas Saadíes, literalmente pegadas a esa mezquita de la Kasbah.
El Palacio de la Bahía es un magnífico ejemplo de arquitectura árabe. Destaca la excelente conservación de sus artesonados, techos y puertas.
Y presidiendo la ciudad: La Kutubía. La gran mezquita visible desde todos los puntos de la ciudad, y que a todos los españoles nos recordará a su hermana pequeña La Giralda. Como todas las mezquitas de la ciudad, está reservada al culto y no se puede visitar, pero un paseo por sus alrededores te permitirá contemplar su majestuosidad y dimensiones.

Capítulo aparte merecen los jardines en Marrakech.

 Desde el espectacular Jardín Majorelle en el Barrio Guéliz, junto al cual se ubica el singular e inspirador museo Yves Saint Laurent, hasta el recóndito Jardín Secreto, increíblemente integrado en las estrechas calles del Zoco. Los gigantescos Jardines de La Menara, desde donde tendrás unas inmejorables vistas de la cordillera del Atlas, o los mimados jardines del Hotel La Mamounia, donde podréis dar un paseo rodeados del glamour de uno de los mejores hoteles del mundo.

Pero si algún sitio destila el auténtico espíritu de Marrakech, es la Plaza Jemaa El-Fna, la más grande y bulliciosa de África, y el laberinto de callejuelas que de ella parten y donde se integra el gran Zoco de Marrakech: telas, cuero, comidas, antiguedades, muebles, especias, joyas, … todo lo que tu imaginación pueda abarcar. Eso si, prepararos a regatear…

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