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Verdaderamente mi pasión por el Jazz no fue un amor a primera vista, sino más bien una evolución natural y progresiva desde otros estilos musicales como el rock, el folk americano, el rock progresivo y la extinta new age, lo que me llevó con el tiempo a comprender y valorar los conceptos sobre los que se sustenta el jazz y disfrutar de la música como nunca antes había experimentado, ofreciéndome la terapia musical que necesito en cada momento de mi vida.
Pero ahora me pregunto qué es lo que tiene de especial el Jazz para que me haya enganchado de esta forma tan personal e íntima, por lo que siento la necesidad de analizarlo y compartirlo con los lectores de Finally-40.

Está claro que escucho Jazz por placer y debido al número de horas que le dedico al día, he comprendido que los músicos de jazz poseen un entrenamiento y una técnica superior a los músicos de otros estilos musicales. Prueba de ello son la gran cantidad de intérpretes de Jazz
que se ganan la vida como músicos de estudio o acompañando a las mediáticas estrellas del pop, siendo en gran medida los responsables del estupendo sonido que trasmiten sus limitadas composiciones, engrandeciendo en la sombra la música que hacen. Algunas de estas estrellas son capaces de reconocer esta realidad, como por ejemplo cuando Santiago Auserón,
también conocido como Juan Perro, se deshace en elogios de su magnífica sección de viento, integrada por el trompetista David Pastor y el saxofonista Gabriel Amargant ó Luz Casal cuando habla de su estupendo batería Tino Di Geraldo.

Repasando la historia del jazz, descubres que en realidad es una diversa familia de géneros musicales de raíz afroamericana, que comparten características comunes, siempre en constante evolución y sin que el paso del tiempo haya deteriorado su calidad y frescura. Puede que el jazz se haya mostrado en ocasiones como la antítesis de la música más comercial, pero está claro que precisa de una atenta audición para poder desentrañar todos sus matices y
maravillosas complejidades, lo que en ocasiones no lo hace apto para todos los públicos si no están acostumbrados o dispuestos a realizar dicho esfuerzo.

Gracias a los muchos conciertos de jazz a los que he asistido en directo en los últimos años, la mayoría en festivales o en los clubs de Madrid y de alguna otra ciudad de España (de los que ya hablaré en un posterior artículo), he descubierto que el jazz es una de las formas más libres y espontáneas de música que existen. Esto permite que los buenos grupos de jazz puedan tocar una misma canción cada noche y que suene diferente, gracias a la sensibilidad y creatividad de cada músico a la hora de inventar sobre la marcha, variando la velocidad de sus acordes o imprimiendo a la melodía un grado de pasión distinto.

Una de las principales características del Jazz es su cualidad rítmica, lo que algunos describen como swing. En general los seres humanos tienden a reaccionar ante el ritmo y en el caso del Jazz se hace muy patente incluso estando sentados, con ese característico movimiento involuntario de pies y manos ante lo que escuchamos. Esto es debido al elevado nivel de cohesión rítmica entre los músicos del grupo, fundiendo el sonido de sus instrumentos con un grado asombroso de complicidad e interacción entre ellos. Los músicos de Jazz se adaptan unos a otros y se exigen a la vez, como resultado de una sinergia y mezcla de sus personalidades individuales que realza el colectivo.

En el caso del Jazz, la base rítmica del grupo la proporciona la colaboración conjunta del contrabajo y la batería, que aunque no suelan ser las estrellas de sus formaciones, su química es la que permite que sus compañeros puedan brillar a gran nivel. Sin embargo, a lo largo de la historia del Jazz existen algunos ejemplos de bateristas geniales que han liderado importantes grupos, como por ejemplo Max Roach o Art Blakey, líder de los conocidos “The Jazz Messengers”, formación que fue cuna de algunos de los mejores artistas de jazz de la historia. En el caso de los contrabajistas que han hecho historia y liderado sus propias bandas podemos destacar a Charles Mingus o Ron Carter.

Otra característica importante del Jazz es la capacidad de improvisación de sus músicos a la hora de moldear las melodías sin seguir una partitura concreta y dejar volar la inspiración. Esta habilidad en el “fraseo” se hace evidente en los denominados “sólos” que interpretan y es donde expresan sus emociones más profundas en el escenario. La técnica de improvisación se basa en la espontaneidad de cada músico y en su capacidad de variación para no repetir cada noche los mismos sólos. Las improvisaciones no se escriben en partituras y permiten crear momentos de clímax inolvidables e irrepetibles. Se pueden hacer improvisaciones con todos los instrumentos que participan del jazz, pero el piano, la batería y los instrumentos de viento-metal, como la trompeta o el saxofón, son los más característicos.
Thelonious Monk al piano, John Coltrane al saxo o los trompetistas Lee Morgan o Miles Davis, fueron grandes maestros a la hora de improvisar melodías, comprimiendo y estirando frases
en directo y transmitiendo una emoción incomparable con sus instrumentos. También se pueden escuchar grandes fraseos a las mejores vocalistas de jazz como era el caso de Billie Holiday o en la actualidad a Cécile McLorin Salvant, que cambian los tonos sin esfuerzo
durante la línea melódica. Estos ídolos sirven como fuente inagotable de aprendizaje y evolución en el arte del jazz.

Ni que decir tiene que estas improvisaciones dotan al Jazz de una gran espectacularidad,

especialmente cuando se realizan a un alto ritmo, sin embargo, el jazz no puede limitarse a una demostración de técnica veloz y trepidante, ya que un tema muy lento puede ser en realidad más difícil de interpretar que uno rápido.  Además si la intensidad agresiva del ritmo se aplica con torpeza, pronto resultará agotadora de escuchar y hará que el público desconecte. Por tanto, para un aficionado es muy importante sentir los diferentes ritmos de la melodía en cada momento para poder entenderlo y valorarlo en su justa medida.

Algunos de mis amigos han llegado a disfrutar del Jazz bastante rápido asistiendo a conciertos en directo, donde es más fácil descubrir todo lo que he contado en este artículo, sin necesidad de tener conocimientos previos o haber tocado un instrumento, como es mi caso. Sin embargo, es fundamental escucharlo con paciencia y atención hasta llegar a encontrar el estilo de Jazz que nos llene plenamente, ya que el viaje merece la pena.

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